Golflick

7 días en el LET

Recuerdo esta semana exactamente hace 16 años. Junto a mi compañero Álvaro Beamonte me metí en la cabina de retransmisiones para trasmitir cinco horas del debut de Annika Sorenstam en un torneo masculino. El último precedente de una hazaña tan singular que llevo la guerra de sexos al golf fue en 1945 cuando Babe Zaharias disputó los Angeles Open con vueltas de 76 y 81 golpes. Annika nos regaló dos días de golf extraordinario, aunque que no sirvió para pasar el corte (71+74 golpes, se quedó a cinco).

Por avatares del destino y agenda, este año no pude viajar hasta Bethpage Black, sede del histórico PGA Championship por su cambio de fecha, sin embargo este azar caprichoso me dio la oportunidad de visitar Sotogrande y vivir una ‘semana de Major’ de una forma completamente diferente a lo que lo había hecho antes.

Alicia Garrido e Iñigo Aramburu al frente de Deporte & Bussiness son parte crucial del milagro que vive el golf femenino en España en los últimos años, algo más que organizadores de eventos; fabrican ilusiones, cuidan el detalle y miman a cada jugador. Atrás quedan algunos ejemplos como el circuito BMW, la espectacular European Nations Cup o la Salmes Cup y adelante les espera la Solheim Cup (espero que se confirme pronto en la Costa del Sol y sean ellos los organizadores).

He de confesar que desde que pisé la Reserva de Sotogrande, me olvidé por completo de que Tiger Woods volvía a la competición y que cinco españoles disputaban el segundo major del año. Mi universo se convirtió en Carmen Alonso, Celine Herbin y Annika Sorenstam; lo han leído bien, la histórica golfista sueca ganadora de 10 torneos del Grand Slam y casi un centenar de triunfos en los cinco continentes estuvo toda la semana apoyando este torneo del Circuito Femenino Europeo. Óscar Díaz, eficiente jefe del prensa del torneo, me dio la posibilidad el domingo de sentarme cara a cara con la estrella sueca.

La cercanía de Annika Sorestam

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Avance de la entrevista con Annika Sorestam.

-«Hace 16 años fue una de las primeras veces que me metía en una cabina de retransmisiones para hacer cinco horas de tu debut con los hombres en Colonial» – fue lo primero que le dije, mientras le colocaba el micrófono. La sueca levantó la cabeza para mirarme fijamente y sonrió: -«Seguramente, estaría yo más nerviosa que tú»-, contestó entre risas.

«Hace 16 años fue una de las primeras veces que me metía en una cabina de retransmisiones para hacer cinco horas de tu debut con los hombres en Colonial» – fue lo primero que le dije, mientras le colocaba el micrófono. La sueca levantó la cabeza para mirarme fijamente y sonrió: -«Seguramente, estaría yo más nerviosa que tú»-, contestó entre risas.

Annika siempre me había parecido una jugadora distante, tan gélida como su Suecia natal en enero, recuerdo haberme topado con ella en un viaje a Doral hace unos años, y robarle una foto a regañadientes antes de salir del tee del uno del Blue Monster. Mi imagen ha cambiado por completo después de esta semana en Sotogrande. Cercana, accesible, relajada, otro milagro de Deporte & Business.

Mientras, desde la distancia seguía las evoluciones del PGA Championship, disfrutaba de La Reserva de Sotogrande Invitational. «Queda mucho camino por recorrer, las diferencias entre los torneos masculinos y femeninos aún son importantes», me comentaba una concienciada Annika Sorestam y razón no le falta: la diferencia de premios entre mis dos escenarios de esta semana era de más de nueve millones y medio de euros. El puesto 40º del PGA Championship recibiría un cheque parecido al que levantó la ganadora en Sotogrande Celine Herbin. Sin embargo, os puedo asegurar que la sensación de Celine al pinchar su bola en el tee del uno, o al levantar el trofeo en el 18, es la misma que la de Koekpa en Nueva York. Dicho lo cual y entendiendo la astronómica distancia entre un major y un torneo del Circuito Europeo Femenino paso a enumerar las cosas que nunca habría podido disfrutar si mi destino final hubiera sido era Nueva York.

En el Beach Club de la Reserva de Sotogrande con los compañeros Miguel Barbero, Carmela Fernández-Piera y Guillermo Salmerón junto al jugador Jean Van de Velde.