Golflick

El Palo

Mira que nos gusta. Dar palos, digo. Y, en concreto, mira que nos gusta dar palos a los golfistas que más nos pueden hacer disfrutar. O sea; los españoles. Pasó con Seve, ocurrió y ocurre con Sergio y sucede también con Jon Rahm. Lo de ayer de Sergio en el 7 de Austin es una más. Si uno investiga en redes sociales, muchos españoles ponen a parir a Sergio y le acusan de equivocarse gravemente, de montar el pollo al caddy de Kuchar… olvidando que, francamente, el que se comportó como un mal deportista ayer fue el adorado “Kouch”.

Imagino que conocen la secuencia. Sergio iba uno abajo. Tira un putt de par para empatar el partido y lo falla. La bola queda a una cuarta escasa del hoyo. Camina hacia la bola y, sin dar tiempo a que Matt Kuchar le dé el putt (el americano tuvo al menos dos segundos para hacerlo) golpea la bola con la trasera de su putter y hace una corbata sin llegar a embocar. ¿Resultado? A todos los efectos es un doble bogey. De manera que Sergio pierde el hoyo y, en vez de salir empatado o uno abajo, abandona el Green del 7 con 2 hoyos de desventaja. ¿Es un error de Sergio? Absolutamente. ¿Es una demostración de que Kuchar no es tan Santo como nos lo pintan? Absolutamente también.

«Matt no salió del green diciendo: “Se lo había dado, pero casi no se ha escuchado.” O, “por supuesto el putt estaba dado.” No. Kuchar sale del green preguntándole al árbitro que qué pasaba, que él no había dado el putt y que Sergio lo había fallado. Y, lógicamente, ante esa pregunta, el árbitro hace lo que tenía que hacer».

Matt no salió del green diciendo: “Se lo había dado, pero casi no se ha escuchado.” O, “por supuesto el putt estaba dado.” No. Kuchar sale del green preguntándole al árbitro que qué pasaba, que él no había dado el putt y que Sergio lo había fallado. Y, lógicamente, ante esa pregunta, el árbitro hace lo que tenía que hacer; dar el hoyo al americano. A partir de ese momento lamentable, yo creo que Kuchar se da cuenta de que está obrando como un mal deportista y empieza a decir cosas como. “Yo no quería ganar el hoyo así” y tal y tal hasta que Sergio le contestó con un sencillo: “me puedes dar cualquier otro hoyo” a lo que Kuchar le respondió diciendo: “No sé si estoy preparado para darte un hoyo”. Claro. Qué gracioso Matt. Nadie está preparado para eso. Pero el espíritu deportivo debe volar por encima de estas cosas. Sé que los puretas empezarán a decir que si las reglas, que si Sergio se equivoca, que si es un error de niño. Indudablemente. Igual de indudable que Kuchar tenía en su mano arreglar el asunto y no quiso hacerlo. Así que, no sirve para nada, pero a mí ya, qué quieren que les diga, no me cae tan bien el Matt Kuchar este.

Rahm y el genio de Seve

Imagino que, ahora, habrá también quien me dé palos a mí por opinar así, pero, oye, lo acepto como deporte nacional. Porque asumo que los que ayer criticaban a Sergio serán los mismos que, hace un par de semanas, ponían a parir a Rahm por el error en el búnker de calle del 11 de Sawgrass. Pero es que somos unos cachondos. He oído y he leído de todo acerca de aquel golpe. Que si estaba loco, que cómo hizo aquello, que menuda estupidez, que a quién se le ocurre arriesgar yendo líder… Y todos los que dicen eso no se dan cuenta de que, precisamente, lo que están criticando es exactamente lo que ha hecho a Rahm grande. Si le hubiera salido el hook que intentaba (y a Jon le salen muchos de esos golpes), estaríamos hoy todos hablando de él como nuestro héroe y habríamos estado semanas enseñando el golpe a las amistades. Pero lo falló. Ya ven. Y a mí me parece obvio que Jon no ha llegado donde está tomando siempre la decisión más juiciosa. Muchas de sus decisiones son, vistas desde el salón de casa, absurdas. Pero luego, esos golpes que se dan arriesgando, haciendo lo que nadie sabe/puede/se atreve a hacer, son los que marcan la diferencia y los que lograrán que este muchacho de Barrika sea recordado dentro de 50 años. Esos golpes de Seve como el que dio de rodillas, o aquel pegado a un muro en Suiza o aquellos tiros arriesgando como un loco, fueron los que le convirtieron en leyenda y los que provocaban que la gente quisiera seguir sus partidos y no otros. Daba espectáculo y, muchas veces, le salían cosas que los humanos ni imaginamos. A cambio, otras muchas veces, quedaba como un loco y nadie entendía que no hubiera buscado la solución más conservadora, más normal, más humana. Más del montón.

Rahm tiene ese genio de Seve. Y creo que discutirle la decisión del 11 de Sawgrass es querer convertirle en un cañonero sin más. Y, yo, seré un romántico, pero prefiero a Rahm sacando las manos y los… ¿cómo llamarlo? ¿arrestos? ¿carácter? ¿corazón? ¿garra? ¿raza? No sé. Llámenme malhablado, pero yo prefiero llamarlo, directamente, cojones. Olé los tuyos, Jon.