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El último milagro de Seve en España

Era una desapacible mañana otoñal en el Club de Campo Villa de Madrid, concretamente la del 13 de octubre de 2005. Alrededor de un centenar de personas se arremolinaba en torno al tee del hoyo 10 del recorrido negro; «fue como si debutara de nuevo», declararía cinco horas más tarde el gran Severiano Ballesteros. Fue el último torneo de Seve en España. En la recámara del maltrecho cuerpo del genio de Pedreña solo quedarían 11 rondas competitivas después de aquel Open de Madrid, un Open de Francia, su despedida en el Open Británico y Masters de Augusta y su frustrado debut en el Champions Tour.

Enrique Ponce, Cristian Iglesias y Seve Ballesteros.

Nadie atisbaba el final competitivo de su carrera, excepto él, su caddie en aquella última ocasión fue el profesional argentino Cristian Iglesias. «Seve estaba muy motivado, pero yo lo sentí como un momento especial, quería prepararse para despedirse en el British, creo que el palpaba que su carrera se estaba terminando».

Cristian conoció a Seve a través de un amigo común, el torero Enrique Ponce, «congeniamos y jugando en Santa Marina me comentó la posibilidad de acompañarle en el Open. Teníamos buen feeling y me pidió que le hiciera de caddie».

El argentino afincado en españa no lo dudó ni un momento: «fue un sueño, cuando vine a España una de mis ilusiones era conocer a Severiano y fue una experiencia única, para mí fue como ganar el Masters de Augusta…recuerdo que no dormí los dos días anteriores…»

«Me impacto la primera llegada al campo de prácticas recuerdo ver como todo se paralizaba y a nuestro paso todos los jugadores dejaban lo que estuvieran haciendo y se acercaban a saludarle»

El torneo no pasaría a la historia y mucho menos aquella primera ronda competitiva de 77 golpes casi dos años después del último torneo disputado por Seve. De ahi, la enorme expectación, el ambiente era espectacular en el tee del 10 pese al día gris. Seve apareció con jersey rojo y pantalón azul. Pronto, su vuelta pronto empezó cargarse de bogeys y doble bogeys. A mitad del recorrido, Seve pegó otro mal drive por la izquierda en el hoyo 1 y entonces surgió la magia una vez más…

«Pegó un drive malo a la izquierda», recuerda Ciristian, se quedó injugable, era un golpe imposible, teníamos 190 yardas, no había golpe, la bola estaba hundida y no podía hacer swing, tenía los árboles delante,  salí a medir, y a la vuelta me pidió el hierro 6, pensé que la iba a sacar a la calle y de pronto veo que se arrodilla y empieza a hacer swings de prácticas, no entendía nada». revive el argentino.

-¿Maestro salgo a ver la bola?-, Cristian siempre le llamaba maestro.

-¿Ves el árbol que molesta?- respondió Seve -ya no va a molestar más- y continuó arrodillado moviendo su hierro 6. De pronto se levantó, fue él mismo a la bolsa y ante la mirada incrédula de Cristian cogió la madera 5, y volvió a arrodillarse y hacer swings con la madera.

«Seve dio uno de los mejores golpes que he visto en mi vida» recuerda el argentino. Estalló entonces el Club de Campo en un sonoro griterío. «Esto no es golf, es una obra de arte, un Rembrant, a ver si lo escribís, en Inglaterra si lo hacen…» recriminaba un conocido seguidor de Seve a la prensa acreditada en aquel torneo, aquel conocido fanático viajaba por todo el Mundo tras el cántabro haciendo murales con recortes de sus hazañas que luego exhibía en el campo de golf.

Todavía hoy, 14 años después, Cristian confiesa recordar aquel milagro en forma de madera 5  «fue un golpe con mucho hook pasando por la derecha del árbol, botándo la bola una treinta yardas antes de green y dejándola en la misma entrada». «Durante seis hoyos no podía parar hablar de aquel golpe hasta que Seve me pidió que me callara». «La he pegado tantas veces así que no me pareció complicado», le confesaría justo después. Pocos sospechaban que sería la última vez que Seve haría magia en su país.