La partida pendiente

Recuerdo y homenaje a Ramón Sota

De vez en cuando el verano de la ‘tierruca’ te regala una de esas tardes luminosas y frescas. Olor a tierra mojada y a vaca; y el verde, que todo lo inunda, el que funde en Agüero nueve preciosos hoyos cortos con los ‘praos’.

Aquel inolvidable atardecer fue hace ya algunos años, llegué al Club de Golf de Ramón Sota con la curiosidad de conocer en profundidad a un personaje y me fui admirando a la persona. Saqué una conclusión de aquel viaje; el golf y el deporte nunca fue justo en reconocimientos a una de nuestras pioneras figuras. Ya había tenido la oportunidad de entrevistar a Ramón Sota en varias ocasiones, pero aquel día descubrí lo mucho que había detrás del jugador.

El saludo cántabro, más aún el pedreñero es hosco, rudo y noble de inicio, pero es sincero. Una hospitalidad sin aspavientos pero de verdad. Ramón Sota hablaba con pasión del golf, aquella tarde recorrimos cada uno de los nueve hoyos de su coqueto campo levantado a golpe de esfuerzo e ilusión. El golf actual tenía desconcertado a Ramón Sota, hablaba con admiración de cómo pegaban a la bola los jóvenes portentos que veía cada semana por la tele.

-“Al negro“-  decía en cariñosa alusión a Woods. -“le he visto en la tele con mis propios ojos poner la bola en green de uno en un par 4 de trescientas cuarentaitantas yardas…-” decía con más que admiración, devoción… Hace 53 años en el Open de Francia disputado en Saint Nom-La Breteche la prensa calificó un golpe de Ramón Sota como ‘uno de los mejores de la historia’. El conocido como golpe milagro fue incluso portada de la revista Paris Match que se hacía eco así de la hazaña: “todos nosotros hemos creído soñar despiertos, la bola recorrió 260 golpes de salida y de nuevo, impulsada por Ramón Sota franqueó 248 metros de un solo golpe, reboto en el verde yerbín del green y lentamente como tonta se fue derechita al agujero Un histórico albatros que nada tiene que envidiar a los golpes de Ramón veía por la tele.

Si Ramón hubiera nacido en otra época, estaríamos hablando de una auténtica estrella. Si Ramón hubiera trabajado con psicólogos, probablemente no se hubiera retirado antes de los 35 años (a causa de los yips). Pero entonces no había ni preparadores, ni psicólogos, ni nutricionistas; tampoco aviones privados, recuerda Ramón algunos viajes a Reino Unido; iban en vespa desde Pedreña a Hendaya con la bolsa de palos, en Hendaya cogían un tren hasta Paris y desde ahí a Inglaterra. El carácter austero de Ramón le llevaba además a controlar el gasto al extremo. A veces llegaba de madrugada a hoteles y prefería esperar en la recepción para no pagar una noche más. Recuerda Ángel Gallardo una ocasión a la vuelta de uno torneo de la gira del Caribe como el avión tuvo un problema y tuvieron que aterrizar de emergencia, todos salieron corriendo menos Ramón que se levantó pausadamente entre el alboroto para buscar un regalo que había comprado a su mujer. Salió el último y por supuesto con su regalo. Ramón sólo conocía una máxima que llevaba a la practica “el que trabaja más que tú, te va a ganar”.     

Después de una infancia dura quizás su trampolín más importante fue Campeonato de España de Profesionales en Pedreña en 1956, Ramón Sota tenía 18 años y ganó haciendo 64 golpes el último día. “…Las bolsas de los bastones de los caddies rodaron por el césped más cuidado de España. Ellos rompieron el silencio casi monacal del campo de golf para llevar a hombros entre aclamaciones al nuevo campeón de España…”, se podía leer en las crónicas de la época.

Un periódico nacional del momento le definía tras su triunfo:Ramón Sota es un muchacho de regular estatura, con elegancia natural el sello innegable de la gente pescadora de Pedreña…”

Pues aquel muchacho de regular estatura ganó torneos por todo el Mundo, en las incipientes giras del sur Europa (germen del Circuito Europeo), la gira del Caribe, Estados Unidos…fue subcampeón de la Copa del Mundo, ganador de la Orden de Mérito del Circuito Europeo, sexto en el Masters de Augusta de 1965 y séptimo en el Open Británico. Se codeó con los mejores Nicklaus, Palmer de la época. Ramón y los profesionales españoles de de mitad del siglo XX (hermanos De Miguel, Gallardo, etc…) abrieron el camino de lo que es el golf en España en estos momentos.

Ramón Sota en el Masters de Augusta con su caddie y mujer.

Recuerdo que aquella tarde a Ramón se le humedecieron los ojos cuando mencioné a Seve. “El sobrino”, como él le llamaba. Y volvía a impartir otra lección de modestia y a restar importancia a su posible influencia sobre los éxitos de su sobrino. “El sólo observaba, lo demás sabía que lo tenía, no necesitaba mucho“.

Nunca olvidaré aquella tarde, ni aquellas historias, ni el cariño con el que Ramón y su familia siempre me trataron, siempre recordaré la sencillez de un auténtico señor y el amor que contagiaba por el deporte que tanto le dio en su vida. La tarde terminó con la invitación de volver para jugar y mi compromiso en hacerlo. No nos dio tiempo, Don Ramón, tenemos una partida pendiente.